Históricamente en Almería, aunque allá
por finales del Medievo parece que la capital contaba con una cúpula natural
forestal que favorecía una pluviosidad mejor que la actual, se hace necesario
almacenar agua en aljibes para abastecer de agua a la ciudad. Así, el agua ha
sido motivo de disputa y desigualdad desde la conquista católica de la ciudad
pues, tras haber sido declarados los aljibes bien de aprovechamiento público,
se disputan incluso su administración el concejo y el cabildo de la catedral.
La mayor parte de la población bebía de fuentes habilitadas y lavaba la ropa en
la pililla. Por otro lado, sólo personas de mayor consideración de la sociedad
almeriense, privilegiados de la época, contaban con un caño de agua conducido
por una acequia secundaria hasta sus casas.
El alto desempleo está llevando a muchas
familias almerienses al impago de impuestos o de servicios básicos como sus
recibos de agua. A numerosas familias de distintos barrios, como La Chanca, se
les ha cortado el suministro; almerienses que ven cómo la concesionaria Aqualia
les corta el servicio y, en el mejor de los casos, reciben amparo de sus
vecinos, de ONGs o de la parroquia del barrio.


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