sábado, 18 de enero de 2014

La fuerza motriz

Una de las mayores transformaciones socioeconómicas producidas, desde mediados del siglo XVIII a principios del XIX, fue la Revolución Industrial. El vapor de agua destacó como fuerza motriz en la maquinaria, y se pasó de una economía basada en el trabajo manual a otra en torno a la industria. Lo que dio paso a la masificación en ciudades de hombres, mujeres y niños que trabajaban por una miseria, con jornadas que superaban las catorce horas, viviendas en condiciones infrahumanas,…, fruto de la mala gestión político-social. Otro gran cambio vino a finales del XIX, con la utilización de la electricidad como una de las mayores fuerzas motrices, con la revolución en telecomunicaciones del telégrafo y la extensión de luz eléctrica en calles y casas.

Hoy nos encontramos en nuestro país con demasiadas familias sin poder hacer uso de agua potable ni de electricidad por no poder pagarlas, y que malviven en casas de las que les quieren lanzar, con salarios ínfimos o inexistentes y trabajando más horas que un reloj.

En este marco se entiende la movilización en el barrio burgalés de Gamonal; sus vecinos tienen otras necesidades más primarias que la obra de un bulevar, así como muchísimas familias almerienses en riesgo de exclusión con menores a su cargo tienen grandes necesidades que no pasan, por ejemplo, por realizar un Parque de las “familias”, y se encuentran con escasez de ayudas, pues el consistorio desvía partidas destinadas a tal efecto a otras áreas antes de acabar el año.

Einstein dijo que “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad” No estaría mal usar nuestras voluntades para cambiar la de los gobernantes que viven en connivencia con los poderosos y que solo se acercan a la ciudadanía cada cuatro años, porque éstos sí que atentan cada día contra la mayoría de los mortales.

domingo, 5 de enero de 2014

Majestades, quiero un barco pirata




Recuerdo la ilusión en vísperas de Reyes, el gusanillo en el estómago como leitmotiv navideño, a la espera de aquella noche mágica en la que, con los bolsillos llenos de caramelos de la Cabalgata, debía dormir pronto para que sus Majestades no pasaran de largo pero, en el fondo, estaba el deseo de mantenerme en vilo con los ojos entreabiertos y así verles de cerca. Al pronto, los primeros rayos de luz del día invadían la habitación y con sigilo miraba cuánto había sobre mis zapatos junto al árbol; la sensación era espectacular, ¡la cantidad de juegos con los que disfruté tantos años!, aunque tuve que pedir varias veces en mi carta el ansiado barco pirata de Playmobil, no siempre traen todo lo que uno quiere.

Siempre me pregunté cómo llegaban hasta Almería, los lugares recorridos o el tiempo de viaje hasta aquí. Y creo que las niñas y los niños de hoy seguirán preguntándoselo, pues continuamos mal comunicados. Siguen sin terminar la eterna obra de la A7, aunque podremos llorar por un ojo con la Autovía del Almanzora, que por fin se finalizará con fondos europeos conseguidos por la Junta de Andalucía.

El Ministerio de fomento nos sigue echando carbón dos años ya, y tampoco contempla actuaciones en la línea férrea Almería-Madrid,  ni licita obra nueva para el AVE en conexión con Granada ni con Murcia, y en la conexión Puerto-Ferrocarril sigue mareando la perdiz.

A los Reyes Magos también les costará llegar por aire. Bajan las inversiones en el aeropuerto y suben los billetes, y esperemos que no se interrumpa la línea aérea Almería-Sevilla por la inoperancia del Ministerio, a pesar de contar con una subvención de 2’5 M€ de la Junta para 2014.

Seguiré manteniendo la esperanza, a ver si no ocurre con las infraestructuras de Almería como con mi barco pirata, que llegó al cabo de muchos años para pasar a ser un artículo de colección.