domingo, 27 de octubre de 2013

Escarcha que empobrece



         Las cebollas egipcias, por su dulzor, se comían crudas acompañadas con pan por quienes construyeron las grandiosas pirámides, un complemento energético para el largo día. Así, tradicionalmente ha sido un alimento socorrido para aliviar el hambre de los más desfavorecidos, dando lugar al dicho ‘contigo, pan y cebolla’, aludiendo al sacrificio del bienestar por el amor.

            En la actualidad, es el proletariado quien sigue perdiendo bienestar pero ¿por amor a quién?, ¿a quienes siempre tuvieron riqueza?, ¿por amor a corruptos aprovechados del bien común?, ¿o por amor a los cobardes que se acomodan en lo fácil y no luchan por aquello que, dicen, son sus ideales?

            Por amor a su sentida patria, hay quienes prefieren comer solo pan y cebolla al poner en riesgo la estabilidad económica de unos y otros en su empecinamiento; falta una gran dosis de generosidad y de ideas acompañadas de estructuras políticas que desbloqueé esta situación.

            Aquel bulbo, colocado en mesas de ofrendas a los difuntos ricos del país del Nilo, representaba la vida eterna, pues su olor estimula la respiración de difuntos y las lágrimas de sus dolientes, lágrimas que han vuelto estos días a los ojos de las víctimas del terrorismo, pero los demócratas no podemos sino aceptar las reglas del juego como fortaleza para combatir asta lacra, y el partido del gobierno no puede ser ajeno a ello.

          Pan y cebolla, son muchas las familias que, como la de Miguel Hernández cuando estaba encarcelado, comen esto y poco más. “La cebolla es escarcha/cerrada y pobre…”, que escribía Hernández, como pobres son el 26 % de niños en riesgo de exclusión social en España, por eso es insultante escuchar “cuán grande va a ser la recuperación económica” o que “ya hemos salido de la recesión”, menuda escarcha política que empobrece la vegetación sobre la que se posa.

sábado, 12 de octubre de 2013

¡Quien venga detrás, que arree!

           Del latín hereditas, hereditatis, que designa un bien o conjunto de ellos, preferentemente raíces vinculadas a una familia o linaje y que pasa a los hijos o herederos naturales en virtud de esa vinculación; la raíz procede del término heres, heredis (heredero) La herencia que nos dejará el PP no es la que cualquiera esperaría de un familiar.
Rajoy nos dejará una sociedad más injusta, menos solidaria, con marcadas diferencias sociales, donde enfermos de cáncer podrán morir por no poder pagar sus tratamientos, donde se permita segregar por sexo en la escuela, donde estudiarán quienes tengan dinero para permitírselo; una sociedad que desprecia a los mayores dejando que malvivan con una paga ínfima no acorde con el nivel de gasto,… Mientras, otros cobran sobresueldos y nos hacen pensar que debemos ser los de siempre quienes suframos para levantar el País.
            Pero, para herencia la que nos va a dejar el alcalde de la capital. El Tribunal Superior de Justicia ha condenado al Ayuntamiento, a pagar más de cinco millones de euros a CEAL, anterior concesionaria de cementerios, cuando la culpa de la situación la tiene el PP; ya Megino no firmó una concesión que garantizase un buen servicio y, tras años de despropósitos, Carlos Sánchez no es capaz de llegar a un acuerdo con la empresa, y nos encontramos con una sentencia en la que debemos indemnizar por Silencio positivo del Ayuntamiento, esto es, el Consistorio no alega nada, pero no asumen responsabilidades.
Si prosperan otras reclamaciones pendientes en los juzgados, como la de Rifá por el convenio de la Compañía de María, la Ciudad Digital de Telvent o el campo de Golf del Toyo, que suponen casi 60 M€, Comendador nos dejará a los herederos naturales, los almerienses, sus platos rotos, un Ayuntamiento en quiebra. ¡Quien venga detrás, que arree!